Neuromarketing en el cine

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Foto por: http://www.industriasideal.com
http://neuromarketingspain.blogspot.com.es 

Una vez terminado el rodaje, el director monta las secuencias definitivas. Descartando, en ese proceso, algunas. Muchos de esos descartes van luego al contenido extra de los DVD. ¿Cómo se hacía hasta ahora ese descarte? El director, con su experiencia, decidía qué incluir y qué no. Los aficionados al cine, saben bien que muchos descartes son tan buenos o mejores que las secuencias que han formado parte de la película final.

El neuromarketing aplicado a la industria del cine, proporciona al director una herramienta nueva. De sobra es conocido ese principio de cuantos más datos tengamos sobre la mesa, menos probabilidad de equivocarse en la decisión. El neuromarketing nació para eso, para aportar datos objetivos en decisiones que siembre habían sido subjetivas.

Se trata del mismo trabajo que se usa para testar spots publicitarios. En ellos, normalmente se trabaja con EEG o bien NIRS, ambas comentadas en posts anteriores y que se usan para medir “actividad cerebral”. Y se complementan con medición de la actividad electrodermal, que ya sabemos está relacionada con la sudoración. También con medición del ritmo cardiaco, eye-tracking, incluso electromiografía en el rostro. Esta última son unos electrodos colocados en la cara del espectador, que registra la actividad eléctrica de los músculos faciales y registran su activación, combinado mediante un software con todas las herramientas anteriores. Al incomodar esto al espectador, muchos prescinden de esta última.

Estas herramientas pueden registrar sus lecturas de forma individual, aunque también, el software que las combina, puede registrar a la vez información de hasta 128 dispositivos, distinguiendo en qué individuos están conectados. O sea, podemos llenar una sala de cine con espectadores “conectados”, pasar la película y, más tarde, sacar conclusiones de las mediciones.

Ya se habían hecho pruebas en España en series de televisión, ahora en películas. De este modo, tecnología y neurociencia se ponen al servicio de la industria cinematográfica para ayudar en la decisión de los directores al montar la película final. Una mala película, seguirá siendo una mala película por mucho que se usen estas técnicas. Lo mismo ocurrirá con una gran película. Esto no sustituye el arte de directores y guionistas, solo les ayuda.

Según el objetivo del director, puede cambiar la prueba para estudiar la película completa, un fragmento, incluso diferentes sonidos aplicados a la misma secuencia. Una aplicación del neuromarketing poco conocida, pero no por ello menos efectiva.

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