La confianza libera la droga del amor

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Inspirulina

Quizás lo has sentido en algún momento: al toparte con alguien que inspira confianza la  conversación, el acuerdo al que llega o relación que establecen, es mucho más placentera. ¿Qué hay detrás de esa agradable sensación? Paul Zak, profesor de economía en Claremont Graduate College y uno de los pioneros de la neuroeconomía, asegura que la culpable es la oxitocina, una hormona que afecta nuestro estado anímico y ha sido llamada “la droga del amor”.

Las mujeres suelen tener altas cantidades de esta hormona, sobre todo al momento del parto, pero la oxitocina es también segregada por el hombre después del orgasmo y alcanza niveles elevados en las parejas que experimentan una profunda unión. Los estudios señalan que las personas que segregan más oxitocina suelen sentirse más satisfechas con la vida, son más amigables y tienen mejor sexo. Un laboratorio suizo patentó una fórmula nasal con esta hormona, por si quieres probar esta noche. No he encontrado ningún reporte que alerte sobre contraindicaciones.

Lo interesante es que la oxitocina también se dispara cuando entramos en contacto con otras personas. Según estudios del profesor Zak, cuando alguien nos demuestra confianza segregamos pequeñas cantidades de oxitocina, y si el sentimiento es correspondido, la otra persona experimenta la misma reacción. Así se alimenta un círculo emotivo que abre puertas, corazones y billeteras (esto último encanta a los estafadores, quienes saben aprovecharse de la credulidad ajena, pero ese es otro asunto). Aquí está la razón clara de por qué “sentimos” que una persona es de confiar.

oxitocina

Pero la influencia de la hormona va más allá de un apretón de manos y una sonrisa. Paul Zak ha dedicado seis años a entender el rol de la confianza interpersonal en el crecimiento de las naciones, y sobre todo, como funcionan las instituciones para resolver los problemas que surgen cuando esa confianza desaparece. Él asegura que el nivel de confianza determina la fortaleza del tejido social y la capacidad de desarrollo de una comunidad. Luce obvio: cuando los ciudadanos tienen una mayor confianza en el país se logran mejores resultados económicos. Y en buena medida, a partir de una “simple” hormona.

¿Qué te parece? Podríamos decir que hay una línea que se extiende desde nuestro cerebro y lo que allí sucede cuando experimentamos confianza, hasta los niveles de prosperidad de una ciudad o un país cuando sus ciudadanos sienten que hay gente confiable a su alrededor. Y con esto hago una pequeña aclaratoria, porque cuando hablamos de confianza vale la pena diferenciar entre confiable y confiado. Lo primero se aplica a quien cumple su palabra y honra sus promesas. Lo segundo va más con las personas cuya excesiva credulidad les hace caer en trampas o manipulaciones.

Lo interesante de la neuroeconomía y otras disciplinas que parten del funcionamiento de nuestro cerebro, es que llevan la experiencia individual a un ámbito científico sin perder de vista las complejidades de la condición humana. Es una suerte de autodescubrimiento que nos permite ver a un nivel ínfimo, y a la vez, absolutamente global, la forma como operamos biológicamente en este planeta. Un camino para lograr mejores vías de interrelación y verdadera interdependencia como especie. Y es que aunque la oxitocina esté baja, nos toca confiar en otros para vivir.

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